Conoce nuestra história

  • Cesca 

Somos una familia Torrellenca contentos de haber mantenido la casa construida por nuestros antepasados, una casa de piedra de sus montañas y el barro de sus valles. Sus paredes respiran aires de 1879…. Del año 2004 al 2006 nos decidimos llevar a cabo la rehabilitación de Ca la Laia y aquí os explicamos cómo empezamos:

Hacía más de 30 años que teníamos alquilada Ca la Laia a una familia de Barcelona, ellos sólo podían venir los veranos, y más concretamente en el mes de agosto.

Este motivo hizo que el inexistente calor de la casa y más concretamente en los fríos inviernos, se iba deteriorando provocando grandes grietas en las paredes y otros desperfectos difíciles de evitar.

Yo fui la primera en proponer condicionar la casa para intentar alquilarla en alguna otra ocasión que durante el resto del año se nos pudiera presentar.

No le dimos muchas vueltas a la idea, ni hicimos ningún estudio de mercado ni plan de empresa. Únicamente lo que nos preocupaba era frenar el deterioro de la casa y devolver a Ca la Laia la calidez que había perdido los últimos 35 años. Mis padres, abuelos y yo misma la tuvimos que abandonar por motivos de salud de mi abuelo Pep. Él quedó imposibilidad para subir las escaleras de ir al dormitorio y baño y tuvimos que mudarnos a una casita de planta baja que mis padres hicieron construir en la misma calle Nord.

Al mismo tiempo de empezar con las reformas, íbamos pensando en la posibilidad de preparar la casa legalizándola como alojamiento rural.

Nos informamos bien de la normativa y de los permisos necesarios y sin darnos cuenta, estábamos construyendo un acogedor alojamiento rural, actualmente Ca Laia.

La falta de presupuesto hizo que total la familia participara.

El Manel con sus “manitas” para hacer cualquier restauración en piezas de hierro, madera, obra… incluso se atrevió a hacer toda la instalación eléctrica con el típico hilo trenzado que antiguamente se utilizaba.

Yo misma también hice de pintora, yesera, tapicera y cualquier otra necesidad que se presentara. Incluso mi madre pintó el cuadro de uvas que encontrareis en el patio exterior.

Fue muy gratificante, aunque durante 2 años no pudimos descansar ningún día de la semana, ya que los 2 teníamos nuestro trabajo y sólo nos podíamos dedicar los fines de semana y vacaciones.

Ahora, después del sacrificio hecho, estamos muy orgullosos del resultado y podemos comprobar como nuestros clientes detectan el esfuerzo en cada detalle de nuestra casa.

Os queremos enseñar algunas imágenes….

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